Este año celebramos el décimo aniversario de la publicación del estudio “Renovables 100%” de Greenpeace. Para ello, reunimos a 15 personas de diferentes sectores (activistas, empresa eléctrica, regulador, renovables, consumidores, cooperativas, universidad, economía, investigación, política) para debatir en torno a tres sencillas y directas cuestiones: ¿Cómo estábamos hace 10 años y qué aportó nuestro informe “Renovables 100%”? ¿Cómo estamos hoy: más cerca o más lejos de un sistema 100% renovable? ¿Cómo nos quisiéramos ver dentro de 10 años y qué papel puede jugar cada uno de esos sectores para impulsar la transición a un sistema 100% renovable?.

Lo que personalmente destacaría del tiempo que pasamos juntos es la riqueza del debate que ha surgido no sólo de la diversidad de sectores representados en la mesa sino también de diferentes generaciones hablando entre sí e intercambiando perspectivas.

Diez años después, parece que el interés social por los temas energéticos ha crecido enormemente existiendo un movimiento ciudadano donde las renovables están tanto en el debate como en la agenda política. Incluso hoy en día nadie cuestiona la viabilidad de un sistema 100% renovable; ha pasado de ser un debate meramente técnico a ser un debate político. Se ha conseguido un consenso generalizado de lucha contra el cambio climático que ahora hay que llevar a la práctica a la mayor rapidez atesorando los aprendizajes acumulados.

El informe Renovables 100% fue una visión radical y crucial a todos los niveles en el debate sobre energía en España pero en 2007 nadie preveía la necesidad de velar por la seguridad jurídica para las renovables (especialmente para los actores no profesionales) y contar con una planificación energética (una de las demandas de informe).

Objetivamente estamos mejor que hace diez años. Si bien Renovables 100% proyectaba que la reducción de costes de las tecnologías renovables, junto al incremento de costes de las energías sucias, haría que en 2050 las renovables serían con diferencia la opción más económica, no ha habido que esperar tanto para esa predicción se haga realidad. Hoy ya se tiene tecnología renovable a precios competitivos con las energías sucias y eso que estas últimas no incluyen aún las externalidades ambientales y sociales.

Hemos avanzado en el reconocimiento generalizado de que el futuro ha de ser 100% renovable, y ahora el debate se centra en el ritmo al que debe acometerse la transición. Por eso hay aspectos que hay que seguir trabajando en los próximos 10 años:

  • Para una perspectiva de futuro, debemos superarnos en temas como el ahorro de energía, aspecto crucial.
  • Un punto importante además de la eficiencia es la electrificación de la demanda y la integración de la movilidad y de los edificios en el sector eléctrico abriendo camino para más participación activa de la ciudadanía en el sistema. Este es el camino, electrificar la demanda y abrir camino al empoderamiento ciudadano.
  • El papel de la demanda y del almacenamiento en el sistema;
  • Otro problema son las barreras administrativas. Por ejemplo, los mecanismos de mercado. Hay que tener cuidado en la transición, por eso la clave son los aspectos políticos y no sólo los técnicos-económicos.
  • Es el momento de que las actuaciones en la transición las lleven a cabo también los ciudadanos, no sólo las empresas.
  • La digitalización de la economía abrirá nuevas oportunidades de participación directa de la ciudadanía en la energía pero para ello hay que garantizar un marco favorable.

Como consumidores deberíamos saber que consumir energía no es sólo echar gasolina y encender la luz, comprar una camiseta también consume energía en la fabricación de esa prenda, por ejemplo. Del mismo modo que las personas no tenemos solo la opción de consumir de modo diferente la energía que necesitamos sino que la digitalización de la economía está abriendo nuevas puertas para la participación de personas y empresas en el mundo de la energía.

Aún con todo, hay mucho que mejorar. Una posibilidad es romper esa especie de jaula en la que “hemos quedado” encerrados por unas redes del neoliberalismo que aplican criterios mercantiles a cualquier ámbito, incluso a derechos tan fundamentales como la salud o un medio ambiente sano.
Por eso hay que regular y a la hora de regular, hay que tener en cuenta que los oligopolios se van a lanzar en el futuro a las renovables. Que utilicen renovables en vez de energías sucias y peligrosas como base de su negocio es sin duda un cambio necesario. Otra cosa es si el cambio necesita, o siquiera es compatible, con la pervivencia de los oligopolios energéticos. Por eso es importante reservar cuotas para los pequeños productores, consumidores, autoconsumidores, agregadores de demanda, … Es vital entender que el sector energético ahora mismo está defendiendo activos que no son rentables pero que les generan beneficios ante el interés general.

Pero eso sí, la próxima ley de cambio climático debería de ser muy ambiciosa en cuanto a regulación y a las garantías jurídicas, especialmente para los nuevos agentes como la ciudadanía.

Al final, la velocidad a la que lleguemos al 100% renovable es muy importante, necesitamos unirnos todos los sectores, porque con los obstáculos actuales vamos muy despacio, y así no vamos a llegar a tiempo a los objetivos ambientales. El reto del futuro es la transición, el reto es el ahora.

Fuente: Energías Renovables